Federer (El Mundo, 29 Nov)

29 11 2010

Javier, redactor de El Mundo, me llama esta tarde para que escriba sobre el clásico, y me pregunto: ¿y qué diré? No hay mucho más que contar, y sólo la superclase de estos dos megacampeones puede hacer que podamos darle algunas vueltas.

Empezaré por tratar de entender qué energía sobrenatural empuja a estos dos grandes a seguir  superándose a si mismos, a seguir mejorando, a seguir batallando por ese lugar privilegiado. Tenemos mucha suerte, pues el gran beneficiado es el TENIS.

Primero nuestro Nadal, ha llegado a esta final por primera vez, demostrándose a si mismo y a todos nosotros su capacidad para poder jugar en cualquier lugar y ser competitivo también en esta superficie donde nunca había conseguido ser superior a los mejores. Tiene un gran mérito que nuestro número uno después de un gran año y varias semanas libres encuentre las energías para seguir superándose, venciendo adversidades y consiguiendo tantos títulos.

Por el otro lado Federer, tengo que ir hacia atrás y llegar al que creo yo fue su punto de inflexión, la derrota en Wimbledon ante Nadal. En lugar de caerse, Federer se pone de nuevo el mono de trabajo y vuelve a entrenar como cuando era joven, recupera al preparador físico de toda la vida, ficha a un nuevo coach, reconociendo así que tenía alguna carencia, y se pone a trabajar duro. Es difícil de imaginar, un super número uno que tiene todos los récords, un palmarés envidiable, es padre de gemelos, una cuenta bancaria en la que no caben más ceros y se pone a trabajar más que nunca para recuperar la forma y volver a ganar. Varias veces durante la gira americana de verano se le vio jugando de nuevo a un altísimo nivel, incluso se le veía más delgado, más tonificado, pero el premio no llega cuando quieres y en US Open vino otro batacazo para él. Pero Federer siguió trabajando, era cosa de tiempo, siguió mejorando pero no terminaba de sumar como él quería. Finalmente en su pista, en cubierta, donde la bola se para, donde tiene todo el tiempo del mundo para lanzar esas embestidas demoledoras, es donde le ha llegado una vez más la gloria. Conseguir ganar a Nadal en una final es un triunfo de los que se recordarán por su contundencia y por la exquisitez de un tercer set casi de libro donde desarboló a Nadal por todos los lados.

Este triunfo es del helvético, pero también es del tenis, de nuestro querido tenis que tanto nos da. Qué bonito este duelo histórico Federer-Nadal que continúa, gracias a los dos por conseguir que nuestro deporte sobrepase sus fronteras y que esta rivalidad sea seguida también por tantísimas personas que no son de tenis.

Enhorabuena a Federer por ser el maestro y a Nadal por ser el número uno. Esto abre las expectativas del 2011 y nos augura un gran año donde seguirá al máximo esa rivalidad.


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